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EL FIORDO DE LA ETERNIDAD

On caldo de aventuras

Cuando llega este temible verano del mediterráneo, con la incertidumbre añadida del peligroso cambio climático, me recuerdo a mí mismo que toca algo fresquito. Esta vez no hablaré de un relato corto, cuento o similar. Hace tiempo que leí esta novela, "El fiordo de la eternidad", del noruego Kim Leine, que nunca dejo de recomendar. Ahora la releo con placer en su traducción al inglés, si cabe más severa y sugestiva, e imagino que más cercana al original. Ese contexto en latitudes heladas, solitarias y difíciles resulta refrigerante cuando sigues sudando en cuanto sales de la ducha y la piel se cae a tiras por no haberte puesto suficiente protección solar. La historia no es alegre, más bien agridulce, como el otoño que se acerca, pero contiene una carga de aventura, profundidad, humanidad y misterio que la hacen irrepetible. Es entonces cuando quieres leer con urgencia un libro, tenerlo entre los tuyos, saber que estará ahí cuando lo necesites; y no se acaba nunca porque ofrece muchas lecturas. En especial, un capítulo me quedó grabado a fuego, es casi un pequeño cuento que sintetiza muy bien el alma de la novela, una pequeña pieza maestra que magnifica una obra sobresaliente. Me he atrevido a traducir a mi antojo un fragmento. No quiero revelar más de la cuenta, así que, buena lectura, y cuidado con el calor, y con los primeros resfriados.

EL FIORDO DE LA ETERNIDAD, Kim Leine. Duomo ediciones

THE PROPHETS OF ETHERNAL FJORD, Atlantic Books

Traducción danés-inglés de Martin Aitken

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