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PURO MARATÓN

On caldo de aventuras

Poco más de dos meses desde Atenas, y ya estaba aquí la siguiente maratón, la undécima, con pocos kilómetros acumulados, unos 350 tranquilitos, sin ninguna competición de por medio y recordando aún las comilonas navideñas. Tarragona es una ciudad de la que guardo especial cariño por diversos motivos y me hacía ilusión correr aquí, el año previo a los juegos del Mediterráneo, y además coincidiendo con el campeonato de Catalunya de maratón.

Esta vez no me preocupé demasiado por la carrera en sí, sino más bien de la logística -llegada, alojamiento, etc.- pues además venía en tren. Tampoco iba a ser cuestión de una gran marca, porque la preparación no ha sido fuerte y la idea era empezar tranquilo la temporada 2016, disfrutando. Por suerte, aun recién llegado el frío de invierno, el fin de semana pintaba suave, algo fresquito, con sol y brisa marina. Como trabajé la noche del viernes al sábado, aterricé para recoger dorsal, husmear en la pequeña feria, comer y descansar un poco. Por la tarde, mi pareja y yo decidimos ir al centro histórico, donde proyectaban un documental sobre Martín Fiz, "Fiz. Puro Maratón", y no exponernos demasiado al frío nocturno del exterior. El auditorio de la Antiga Audiència estaba medio lleno y se hizo la presentación del film por unos periodistas hasta que, mayúscula sorpresa, el propio campeón mundial se presenta junto con el director y el guionista y llena de ilusión la sala. No tenía ni idea y alucino, pues me he cruzado con él en un par de ocasiones (Amsterdam, Madrid) y este año pensaba ir a Vitoria a la maratón que lleva su nombre. Después de sostener las lágrimas, pasado el documental, foto de famila y apretón de manos de este atleta extraordinario, cuya entrega, valores, corazón y sencillez son un tesoro que reparte generoso a todo el mundo. Si sabes que encima también va a correr contigo, el subidón para el día siguiente...

Bajo la cuesta que me separa del muelle con mis Five fingers, mallas pirata y jersey viejo, hace un frío considerable, se levanta el día y, como apuntaba la noche de estrellas nerviosas, sol y viento ligero. Todo está preparado, la música rock y el animador nos desperezan, y el resto de minutos que me queda es para calentar algo, ir al lavabo y sacar un par de fotos. Me toca el segundo cajón, y para variar entro tarde, demasiado enlatado, no aprendemos. Localizo a las liebres que me interesan, 3h 15' y 3hs. La más rápida siempre se me escapa y prefiero ir de menos a más, pero esta vez, aunque sé que mi cabeza dice que no estoy preparado para ir tan rápido, decido ir al "estilo Martín", como decían los africanos de Fiz, y arriesgar a lo que salga, me siento bien y motivado.

La salida es un tanto estrecha, rápida y embotellada. Me pongo las pilas y hago los quiebros y adelantamientos necesarios para que no se me escape el conejo. Nos abrimos a un leve ascenso que recorre el Moll de Costa, 5km de ida y vuelta hasta el faro, saboreando un mar que despierta plácido. Progreso y los tengo a tiro, eludo el avituallamiento y los alcanzo, el poderoso grupo de las tres horas, que cruza el paseo en dirección a la playa del Mijgorn. El paso es alegre pero asequible y te sientes protegido, hay buen humor y se comenta la jugada, la fémina del grupo, velocista vasca, da color y calor, y el grupo la anima para que consiga sus objetivos. Por el carril de vuelta se ve a los de cabeza, su ritmo endiablado, a Fiz que va a por la medalla en categoría 30k. Voy muy bien los primeros veinte, pero la zancada se hace más exigente porque el recorrido está lleno de largas subidas y bajadas, y de regreso hacia el puerto quedo algo descolgado, una brecha que se hará insalvable en la larga cuesta bordeando el Francolí, junto al edificio emblemático de la antigua Tabacalera. Están ahí, la gente anima pero fallan las fuerzas. No soy el único, cada vez hay más corredores descolgados, con tirones, que piden espray a los patinadores voluntarios, y otros que han acelerado para irse puesto que iban a la meta de los 30k.

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