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Hamster, sabes hacia donde vas?

En algún momento leí de alguien, no recuerdo de quien ni donde, pero decía que aunque siempre nos pasamos la vida buscando respuestas, tratando de demostrarnos y a los demás lo sabios y eruditos que somos y lo grande que es nuestro conocimiento, realmente, el aspecto de fondo, más que solo encontrar y dar respuestas , es formularnos o plantearnos las preguntas adecuadas, las pocas preguntas correctas a nosotros mismos.

La importancia de esto es Esencial, es básica y se evidencia, si recordamos el trillado pasaje del libro " Alicia en el país de las Maravillas " , donde ésta pregunta: " ¿ Por cuál camino debe tomar? " y uno de los personajes le responde: " ¿ A donde quieres ir ?". De manera sencilla, solamente cuestionándonos profundamente acerca de nosotros mismos, de nuestro rol en la vida, del porqué de nuestra presencia en la tierra y del para qué estamos aquí, podremos casi que fluir en una dirección consistente, fundamentada, coherente y sobre todo, sincera con nuestro corazón.

Pero, cómo aprender a hacer las preguntas correctas? Esa es la " pregunta". Pasé muchos años sin hacer preguntas importantes y muchísimo menos, sin hacer las correctas a mí mismo. He aquí algunas pautas, que han funcionado para mí:

Cuerpos

On Intuiciones de un don nadie

Escribo sentado en un café, a medio camino entre matar el tiempo y trabajar. Vivo en Londres, soy extranjero, me dedico a la sociología que es lo mismo que decir que hago prácticamente cualquier cosa. No tengo mucho dinero, o más bien tengo el justo y necesario para vivir. Este café que bebo es, en cierto sentido, un pequeño lujo.

Siempre me ha interesado el estudio del cuerpo: social, vital, material. Ese cuerpo que se es en el día a día sin darse cuenta, que se tiene cuando te duele o sientes placer, que haces cuando "eliges" -constreñido por tu biografía, capacidades físicas y mandatos sociales- si subes la escalera o tomas el ascensor, si duermes en la cama o en el piso, si te vistes de una forma u otra.

Sigo en el café y miro los cuerpos, tan distintos a los de mi país: tras la barra un chico moreno, apresurado, de mirada dura. En la mesa al lado un oficinista blanco, alto, de traje impecable según la lógica bancaria. Y a la izquierda: dos mujeres, también blancas, con coches donde sus respectivos bebés duermen, pasan la mañana hablando con ese acento inglés que uno pensaba que era un estereotipo -para algunos bello, para otros pomposo y cercano al ridículo- hasta llegar acá y notar que los ingleses efectivamente tienen "acento inglés", que emitir ese tipo de sonidos es otra de las capacidades que pueden emerger en un cuerpo.

La repartición de los cuerpos en este pequeño espacio ya dice mucho: etnia, género, edad llevan las marcas de lo que se puede o no hacer y los lugares que se pueden o no ocupar. Injusticias alternan con posibilidades de ser. Hasta imaginarlo da risa: al banquero blanco atendiendo tras la barra, al chico moreno -como yo- cuidando los bebés de modo medio desatento mientras sorbemos café y comemos muffins halando del gimnasio y nuestras parejas, a las mujeres blancas de treinta y tantos y vestidas como si acabaran de levantarse -buzo, crocs, camisetas- entrando apresuradas a sus oficinas en un banco cerca de Moorgate.

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