Intuiciones de un don nadie

Escritos breves y al paso sobre situaciones cotidianas

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Sobre la práctica de yoga

Hace un año y dos meses que dedico algunas horas a la semana a la práctica del yoga Iyengar. Ha sido una experiencia zigzagueante de intensa, compleja y muchas veces sutil transformación. El lugar más obvio y por ende más fácil para hablar de ella es mi propio cuerpo: practicar yoga ha sido un encuentro con y contra la materialidad de mis brazos, piernas, manos, espalda, etc. He descubierto músculos, movimientos, formas de ocupar el espacio absolutamente nuevas -con dolor, placer, sorpresa o a ratos incluso con alivio.

Me he encontrado también con la forma en que dispongo mi cuerpo en el espacio: cómo tiendo, por ejemplo, a caminar encogido, a cerrar el pecho cuando trabajo en el computador, a quebrar la parte baja de la espalda cuando estoy parado en el metro. He podido entonces, poco a poco, reconstruir un poco las capacidades de ese cuerpo que llegó a yoga con una extraña mezcla que para muchos es familiar entre anestesia (el cuerpo es invisible e insensible en el día a día) y algesia (mediante esa epidemia contemporánea que es el dolor de espalda). Ahora de cuando en cuando tengo cierta noción de lo que estoy haciendo y por lo mismo consigo un pequeño margen de libertad para hacer algo diferente, la mayor parte del tiempo sin mucha conciencia: estirar la espalda cuando me estoy encogiendo, echar los hombros atrás y abajo cuando el pecho se cierra ante la rutina del computador, estirar las piernas cuando la espalda se está quebrando.

También he empezado a mirar a los demás de otra forma: fijarme cómo se mueven, los ritmos con que caminan, la forma en que se sientan, las partes del cuerpo que usan para apoyarse, tensarse o relajarse.

No me volví vegetariano, no encontré la paz total, no encontré respuestas finales, tampoco me hice mejor que nadie en particular. Pero lo que sí ha pasado es que, si los cuerpos son en cierto modo sets de capacidades que pueden aumentarse, disminuirse, fijarse o ampliarse, creo que he podido recrear -gracias a las acciones de profesores, compañeros de práctica, y experimentación corporal propia- algunas de las capacidades de mi cuerpo, cosa que a veces uno cree imposible.

Y en términos más utilitarios, cómo no mencionarlo: agradezco que mi dolor de espalda e insomnio crónicos se hayan ido para, espero, no volver.

ENFERMATE DE PARKINSON Y DA UN SALTO CUANTICO EN TU EFECTIVIDAD

On Mindfulness path

La gente que trabajar en entorno competitivos y principalmente en áreas comerciales, conoce muy bien la famosa ley de Pareto, o el 80-20 que establece que solo el 20% de nuestras actividades genera el 80% de los resultados, así que la premisa es enfocarse solo en ese 20% para tener aumentos importantes en la efectividad . Y esto se puede trasladar a otras áreas de la vida y cumple exactamente el mismo efecto, lo cual es grandioso. Pero, hay otra ley menos conocida , pero mas poderosa, que es la Ley de Parkinson, que establece que la complejidad percibida de una tarea tiende a aumentar a media que se acerca la fecha limite de entrega.

En términos coloquiales, significa que toda tarea tiende a ocupar el tiempo asignado a la misma. Doy un ejemplo, cuando tenemos que entregar un trabajo en la universidad y nos han dado 3 meses para ello, pues nos tomamos los 3 meses y de hecho, casi empezamos a trabajar en él, solo las ultimas semanas. Mientras que si para la misma tarea nos hubiesen asignado solo 3 semanas, lo más seguro es que habríamos empezado a trabajar en él, desde el 1er día y en 3 semanas lo hubiésemos terminado y entregado. Ves lo poderoso del concepto. Fíjate fechas límites mas cortas y tendrás los resultados mas rápido. Es así de sencillo.

Y nos pasa todo el tiempo. Sabemos que tenemos que hacer algo importante, pero nos las ingeniamos para dilatar el arranque y le sacamos el cuerpo, lo postergamos y cuando tenemos el agua al cuello, solo entonces, lo hacemos.

Porque ocurre esto? Hay varias razones:

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